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¿El fin de los Pueblos Mágicos o el inicio de una nueva etapa del turismo en México?

Por: Lilian Cerrillo

La decisión de no otorgar nuevos nombramientos de Pueblos Mágicos durante el actual sexenio abre un debate necesario sobre el modelo turístico que México necesita: uno más justo, sostenible y verdaderamente enfocado en las comunidades.

La reciente declaración de la secretaria de Turismo federal, en la que se afirma que durante este sexenio no habrá nuevos nombramientos de Pueblos Mágicos, ha generado conversación, inquietud y opiniones encontradas dentro del sector. Desde mi experiencia como profesional del turismo, considero que más allá del impacto mediático, este anuncio representa una oportunidad para repensar el modelo turístico que hemos venido construyendo en el país.

El programa de Pueblos Mágicos fue, sin duda, un parteaguas para el turismo nacional. Permitió posicionar destinos que antes no figuraban en los mapas turísticos, detonó inversiones, fortaleció la identidad local y abrió oportunidades económicas para miles de familias. Sin embargo, también es una realidad que con el paso del tiempo el distintivo se desgastó en algunos casos: crecimiento desordenado, saturación, pérdida de autenticidad y una derrama económica que no siempre benefició directamente a la comunidad.

“En mi experiencia trabajando de cerca con agencias de viajes, prestadores de servicios y proyectos turísticos locales, he confirmado que los modelos turísticos deben evolucionar constantemente. En este contexto, la propuesta de avanzar hacia un turismo comunitario real no debería verse como una ruptura, sino como una evolución necesaria.”

Hablar de comunidades, experiencias regenerativas, sostenibilidad e innovación implica reconocer que el turismo ya no puede limitarse a la visita superficial de un atractivo, sino que debe generar valor social, económico y cultural para quienes habitan los destinos. (Que entender y hacer propios estos conceptos también equivalen a otro reto, pero de eso hablamos si quieres en un tema especial para ello).

No obstante, es importante decirlo con claridad: el turismo comunitario no se logra solo con un cambio de discurso. Requiere planeación, capacitación, conectividad, infraestructura, profesionalización y acompañamiento constante. Si estos elementos no se atienden, existe el riesgo de cambiar la etiqueta sin transformar el fondo.

Desde el trabajo que realizo con agencias de viajes, prestadores de servicios y proyectos turísticos, he constatado que el verdadero reto está en la profesionalización del sector. Hoy más que nunca se necesitan productos bien diseñados, experiencias comercializables, cumplimiento normativo y estrategias claras de promoción y venta. Un destino no se consolida únicamente por su riqueza natural o cultural, sino por la forma en que se gestiona y se integra a la cadena de valor turística.

La decisión de no crear más Pueblos Mágicos no debe interpretarse como el fin del desarrollo turístico, sino como una llamada de atención para hacerlo mejor. México tiene todo para seguir siendo una potencia turística, pero necesita modelos más equilibrados, incluyentes y sostenibles, donde la comunidad sea protagonista y no solo espectadora.

El verdadero cuestionamiento no es si habrá más nombramientos, sino si seremos capaces de construir un turismo que transforme positivamente a las comunidades, preserve la identidad de los destinos y genere prosperidad a largo plazo. “Ese es el desafío que hoy enfrenta el turismo en

México… y también la oportunidad que, como sector, no podemos desaprovechar.”

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